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Y llegó con esa misma ternura que me hacía acordar tanto a él, esa sonrisa inocente y esos pelos alborotados, esos ojos que con vergüenza me podían mirar directamente sin ocultarse detrás se esos grandes lentes. Esas agarradas de mano debajo de la mesa que me remontaban a épocas pasadas, esas tocadas de piernas a escondidas... En que rayos estaba pensando, es hoy cuando debo ponerle fin a esta clase de juegos infantiles. Quizá uno de mis mejores amigos tenga razón y soy algo básico y trato de ver en las personas el lado tierno que me pueda llegar a enamorar, a pensar de que esa idea de amor no tenga ni pies ni cabeza por varias diferencias importantes. Hoy salí a comer solo para pensar en mi decisión de hoy. Lo único bueno es que esta vez no hay afectados y probablemente este chico de los pelos alborotados jamás se entere.